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ESPECIAL VIOLENCIA INFANTIL

17/01/2010 23:05 - Por:
El dermatólogo es fundamental para reconocer las señales sospechosas de maltrato.
 
Los moratones, las quemaduras, las mordeduras y la alopecia son las más frecuentes.
 
Los pediatras insisten en la dificultad de conseguir datos que reflejen la realidad.
 
El 60% de los que acosan en el colegio comete algún delito antes de los 24 años.
 

La piel delata el maltrato infantil.

 
No todos los moratones son iguales. Los que se presentan en zonas protegidas como las orejas o la cara interna de los muslos podrían indicar, no un hecho accidental, sino maltrato físico. Distinguir la causa de este tipo de manifestaciones por la apariencia de las lesiones se convierte en todo un reto en el que los dermatólogos tienen una importante función. Así lo resaltan algunos especialistas en un editorial publicado en la revista 'Piel'.
 
Sin embargo, señalan los autores, "debido a la poca o nula formación dirigida a reconocer este problema, para muchos dermatólogos, el maltrato físico apenas aparece en el listado de diagnósticos diferenciales, a pesar de que los signos cutáneos son la manifestación más común (los presenta más del 90%) y fácilmente reconocible".
 
¿Cómo identificar los hematomas provocados por maltrato físico? Según Ramón Grimalt, profesor de Dermatología de la Universidad de Barcelona, la localización es fundamental. "El maltratador no pega en las zonas más huesudas, donde se puede hacer daño, sino en las más blandas y protegidas, como las nalgas, la espalda, el tronco, los brazos, los genitales, la cara interna de los muslos, las orejas, las mejillas y el cuello".
 
Los dermatólogos también deben fijarse en la evolución normal del hematoma, el aspecto, la coloración, la profundidad y las características propias de la piel de cada niño. Por ejemplo, explica el profesor, si observamos que un niño tiene moratones de varios colores, uno amarillo, otro morado, otro verde (reflejan los distintos estadíos)... Sería mucha casualidad que se haya caído repetidamente. Podría tratarse de un maltrato periódico".
 
En cuanto al aspecto, las formas pueden indicar el objeto causante: una cuerda, un cinturón, un cordón, un alambre... Así, "si el niño ha sido abofeteado con fuerza, podemos encontrar líneas verticales purpúricas, que son reflejo de los espacios interdigitales, normalmente en las mejillas", añade el experto.
 

Distinguir las mordeduras de un adulto.

 
Los moratones, tan habituales en los niños, son la señal más frecuente del maltrato infantil, junto con las mordeduras, las quemaduras y la alopecia traumática, además de dermatitis graves, xerosis (sequedad de las mucosas corporales), higiene pobre y pediculosis frecuentes.
 
Las marcas por mordeduras, argumenta Ramón Grimalt, también uno de los autores del editorial, se diferencian fácilmente de las producidas por otro niño por la distancia entre los caninos. Es decir, "si es mayor de tres centímetros, la mordedura, muy probablemente, ha sido hecha por un adulto".
 
Claves como esta son las que los dermatólogos tienen en cuenta a la hora de valorar un posible maltrato infantil. Otro caso habitual sería el de un niño con quemaduras. No hay que olvidar que éstas se presentan en un 6-20% de todos los maltratos físicos y los niños menores de tres años son los más afectados.
 
Al parecer, la escaldadura por agua caliente del grifo es la forma más frecuente de este tipo de maltrato, junto con las quemaduras con cigarrillos. "Éstas producen quemaduras de tercer grado de 7-10 milímetros de diámetro y con lenta tendencia a la curación. Suelen presentarse en la cara, las palmas, las plantas de los pies y los genitales".
 
Aunque menos frecuente, la alopecia también puede ser resultado del maltrato físico. "La traumática suele acompañarse de hemorragias subgaleales y dolor y las zonas alopécicas muestran unos bordes muy irregulares. Es difícil diferenciarla de otras formas más comunes como la alopecia por tracción o la areata", indica el doctor Grimalt.
 
Una historia no creíble, versiones contradictorias y las incongruencias son los signos de alarma ante los cuales habría que prestar especial atención. Pero existe otro indicador: el tiempo que transcurre entre la aparición de la lesión y la visita al médico. "Un padre que quema a su hijo no acude inmediatamente a urgencias. Cuando la situación se enfría, si lo considera oportuno, es cuando acude al médico", puntualiza el dermatólogo.
 
Teniendo en cuenta que el maltrato es crónico y que las lesiones cutáneas pueden ser confusas, los autores del editorial apuestan por un papel protagonista del dermatólogo. "Creemos conveniente hacer hincapié en la importancia que debería adquirir el dermatólogo en la evaluación de los signos cutáneos sospechosos de maltrato. Diagnosticarlo y declararlo a las autoridades competentes es fundamental".
 

La muerte de 'Baby P' puso contra las cuerdas a los servicios sociales de Reino Unido.

 
Fue una verdadera crónica de una muerte anunciada. Durante los escasos 17 meses que duró su vida, 'Baby P' recibió hasta 60 visitas de trabajadores sociales y médicos de Haringey, al norte de Londres. Ninguna logró frenar los abusos a los que estaba siendo sometido y que acabaron causándole la muerte.
 
Su llegada al mundo, el uno de marzo de 2006, fue aparentemente normal. Era el cuarto hijo, y primer niño, de un joven matrimonio británico y nada hacia esperar que, dos años y medio después de su nacimiento, su madre, la pareja de ésta y otro hombre iban a ser acusados de maltratarlo hasta la muerte.
 
Prácticamente nada de lo acontecido en la vida de este pequeño rubio y de ojos azules rozó la lógica. El abandono del hogar familiar por parte del padre, que se encuentra conmocionado por lo sucedido, y la entrada en 'juego' de la nueva pareja de la madre marcaron un claro antes y después.
 
Comenzaron las continuas visitas al hospital: moratones, mordeduras, heridas, traumatismos... Un sin fin de secuelas, hasta el medio centenar, que en agosto de 2007 llegaron a paralizar el cuerpo del bebé, fruto de una posible fractura de espalda. Según los medios británicos, el pequeño llegó a ser utilizado literalmente como un "saco de boxeo".
 
Arrestos, visitas de los trabajadores sociales y consultas médicas.
 
En diciembre de 2006, alertados por la historia médica y de abusos de 'Baby P', los servicios sociales de Haringey comenzaron a acudir con frecuencia al domicilio. Una semana después de la primera visita la madre y la abuela del pequeño fueron arrestadas pero, un mes después, fueron puestas en libertad.
 
Después de esta acción legal la situación siguió empeorando. El bebé volvió a los brazos de su madre y, con ello, a los maltratos físicos. Las constantes visitas de la trabajadora social, los médicos e incluso la inscripción de la madre a un curso de habilidades parentales sirvieron de poco. En junio de 2007 la madre volvía a ser detenida, y puesta en libertad, y los abusos continuaban durante todo el mes de julio.
 
El tres de agosto, y tras realizar una llamada al servicio de emergencias 999, acababa el sufrimiento y la vida de Baby P. Nada pudo hacerse por salvarle y llegó muerto al hospital.
 
Los tres presuntos culpables.
 
Ahora, un año después de lo sucedido, las tres personas inculpadas esperan que el próximo 15 de diciembre un tribunal dicte sentencia. Además, la organización encargada de regular a los trabajadores sociales de Reino Unido analiza los fallos cometidos en el caso.
 
De nada sirvió que el nombre del bebé estuviera varios meses en el registro de personas en riesgos. O que dos trabajadores sociales y un abogado hubiesen sido alertados de la situación del pequeño.
 
Mientras se conoce la sentencia definitiva, Sharon Shoesmith, directora de los Servicios Infantiles y Juveniles, amenaza con dimitir mientras soporta las críticas de los vecinos de Haringey y de muchos otros británicos conmocionados con este episodio.
 
No es el primer caso de estas características que se da en Haringey. Victoria Climbie, de ocho años, también fue víctima de abusos por parte de sus cuidadores y falleció en el año 2000.
 
Precisamente, Lord Laming, que lideró la investigación sobre la muerte de Victoria, revisará las actuales medidas de protección infantil que, una vez más, han quedado en entredicho.
 

Las huellas del maltrato infantil.

 
En los países desarrollados, uno de cada diez niños sufre abandono o maltrato psicológico; entre el 4 y el 16% padece daños físicos y al menos el 15% de las chicas y el 5% de los chicos soporta algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 18 años.
 
Las cifras, escalofriantes, son parte de un especial sobre maltrato infantil que aparece en el último número de la revista 'The Lancet'; una revisión que pretende evaluar la magnitud del problema.
 
Lo primero que ha puesto de manifiesto este análisis es que se subestima su dimensión. "El maltrato infantil es mucho más común de lo que sugieren las estadísticas de los servicios de protección infantil", indica el documento, donde se calcula que los datos oficiales sólo reconocen una décima parte de las cifras antes citadas.
 
Y esto tiene consecuencias. "La más trágica son los miles de niños que mueren debido a una agresión o al abandono", recoge el artículo, que cita datos de la Organización Mundial de la Salud: cada año se producen 155.000 muertes en menores de 15 años a causa de un abuso o una negligencia.
 
Sin embargo, la muerte no es la única consecuencia ligada al maltrato. Según 'The Lancet', la exposición a múltiples y repetidos episodios de abuso se asocia con un riesgo más elevado de padecer trastornos de salud mental, abuso de drogas y alcohol, tener comportamientos sexuales de riesgo, obesidad y tendencias delictivas, entre otros problemas.
 
"Las consecuencias son peores cuanto más frecuente y severo sea el maltrato. Un abuso repetido o un abandono repetido significa, para muchos niños, una cronificación de su condición", recuerdan los autores de uno de los artículos que componen el especial.
 
Otro de estos trabajos hace especial hincapié en la importancia que tienen los profesionales que trabajan con niños -médicos, educadores, etc.- para destapar muchas de estas historias ocultas de maltrato.
 
Según explican los investigadores, en ocasiones, no se denuncian los casos de abuso por un fallo a la hora de reconocer sus signos; sin embargo, en otros no se da la voz de alerta por no tener una certeza absoluta. "Existe la percepción de que informar de ello podría provocar más daños que beneficios [si la sospecha es equivocada]", señalan.
 
En un comentario que acompaña a este trabajo en la publicación británica, se señala la necesidad de apoyar a los pediatras para que puedan manejar los casos sospechosos con mayor seguridad y ayuda.
 
Además, también se insiste en la importancia de establecer adecuadas políticas de salud pública que ayuden a prevenir hábitos como el abuso de alcohol y drogas -dos factores relacionados con el riesgo de desarrollar un perfil maltratador-, así como programas de atención.
 
"El gran número de casos y lo serias y duraderas que son sus consecuencias exigen un aumento de la inversión en estrategias preventivas y terapéuticas desde la niñez más temprana", apuntan los autores.
 

Los pediatras denuncian que ocho de cada 10 casos de maltrato infantil no se detectan.

 
Ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
 
Ambas entidades señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España "sólo" se detectan del 10% al 20% de los casos de maltrato infantil, algo que, según Carmen Martínez González, la pediatra de AEPap, explica "las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad".
 
Según esta especialista, el 60% de los menores que acosan en el colegio comete algún delito antes de los 24 años.
 
"Perpetúan la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal". Además, en España, la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas comunidades autónomas oscila entre cinco, 15 y 19 casos por cada 10.000 menores. En el caso del 'bullying' o acoso escolar, la cifra, según sus cálculos, asciende al 17%.
 
En cuanto a las causas que subyacen en la violencia dentro de las aulas, los expertos detectaron por parte de los padres, familiares y amigos desatención física o emocional severa [hacia el niño violento], desestructuración familiar, carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas; deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos o aislamiento social.
 
También situaron como motivo "desencadenante" de una actitud de maltrato entre los compañeros el que familiares y amigos estén afectados por el alcoholismo y otras drogodependencias, la prostitución, la delincuencia, que se trate de hijos no deseados o de padres adolescentes, así como los modelos "inadecuados" de disciplina.
 
En cuanto a los factores de riesgo de los niños acosados, destacan tener discapacidades, minusvalías psíquicas, padecer defectos congénitos o problemas de salud crónicos, además de la hiperactividad.
 
Otros aspectos que influyen en el acoso escolar son el nivel socioeconómico y cultural, el desempleo, la inestabilidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la aprobación cultural de la violencia y el castigo físico, los frecuentes cambios de domicilio frecuente o el exceso de vida social, de trabajo o competitividad.
 
En este sentido, el pediatra de la SEPEAP, Patricio José Ruiz Lázaro, valoró que la violencia entre menores debe ser tomada como una "cuestión de salud pública, que se puede prevenir". Además, aseguró que detrás de estos comportamientos hay "creencias y actitudes erróneas que favorecen la violencia" y que, a su entender, deben desterrarse.
 

Medidas.

 
Ante esta situación, los pediatras recomiendan, por ejemplo, "la ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables". También llaman a "ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes".
 
Además, solicitan que se inicie "un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social". Invitan también a crear "espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales" o que las actividades de prevención de la violencia se realicen "necesariamente" con participación de jóvenes.
 
Otras propuestas pasan por "fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar" o animar a los padres a participar en actividades de educación para la salud que "incrementen sus habilidades educativas y afectivas". También solicitan la mejora de la formación del personal sanitario y de los profesores para "detectar situaciones de riesgo importante, susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales".
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