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Algunas verdades sobre el fluor

16/02/2018 12:01 - Por:
La prestigiosa revista británica “The Lancet” publicó un artículo que trata de los efectos sobre el desarrollo neurológico de algunos productos químicos considerados como “neurotóxicos”.
 
En el artículo, firmado por Grandjean y Landrigan, se dice que en 2006 identificaron como tóxicos del desarrollo neurológico a cinco productos químicos industriales y que, desde 2006 los estudios epidemiológicos han documentado a seis compuestos más, entre ellos el flúor, aunque están convencidos de que hay muchos más. Información de la Academia Americana de Pediatría.
Con motivo de clarificar las posibles dudas que pudieran darse, la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP) se ve en la obligación de exponer los siguientes conceptos:  
  • Quisiéramos aclarar que una cosa es el desarrollo (formación) y otra el crecimiento (aumento de tamaño), a menudo consideradas igual aunque no lo sean. Por ello, es interesante recordar que a partir de los 18 días, el cerebro comienza a desarrollarse, formando las células nerviosas que más adelante darán lugar a las neuronas.
  • La primera actividad cerebral registrada se produce a las 7 semanas, coincidiendo con los primeros movimientos fetales.
  • Las neuronas del bebé se multiplican a un ritmo de 250.000 por minuto. Estas células están conectadas entre sí gracias a millones de axones a modo de un entramado de cables en un circuito.
  • En la semana 30 la superficie cerebral ya ha formado surcos y circunvoluciones poco profundas y se parece a una nuez. Estas ondulaciones aumentan espectacularmente la superficie del cerebro, de modo que caben y pueden conectarse más células.
  • En la semana 36, el sistema nervioso está completamente desarrollado y el cerebro posee ya un juego completo de 100 billones de neuronas.
  • Un bebé nace con la totalidad de las neuronas activas que tendrá jamás: no se desarrollará ninguna más. 
  • Generalizando, serán las agresiones que pueda sufrir el neurodesarrollo durante el embarazo las que causen anomalías en la estructura de los órganos del sistema nervioso central, lo que inevitablemente causará una disfunción encefálica.
  • Investigaciones recientes revelan que cuando más rápidamente crece el cerebro del bebé es en las horas y días posteriores al parto y que logra alcanzar la mitad de su tamaño adulto a los tres meses de vida.
  • Para que un tóxico cualquiera pudiera ejercer estos efectos debería llegar por la sangre hasta los tejidos en desarrollo y eso supondría que se hubiera ingerido; por tanto estaríamos hablando de que la embarazada debería haber ingerido – en cantidades nocivas – este producto para que pudiera ejercer un efecto negativo en el desarrollo del sistema neurológico del feto. Además, en el caso del flúor, la Organización Mundial de la Salud indica la concentración de ión flúor, sin efecto tóxico, recomendable en el agua potable haciendo notar que sería ideal que pudiera llegar a toda la población mundial y promover así una lucha eficaz contra la enfermedad más frecuente en el mundo; la caries dental.
  • Se necesitan medidas de salud pública para que las personas que viven en zonas donde el flúor es insuficiente incorporen una dosis adecuada de esta sustancia, para evitar el deterioro dental.

 Además, es conveniente aclarar que:

  • El flúor ha demostrado ser una herramienta segura y eficaz para reducir la prevalencia de caries en el mundo y detener las desmineralizaciones del esmalte y así viene recomendado por la Organización Mundial de la Salud. La fluoración del agua de consumo público ha sido la medida más eficiente para la profilaxis colectiva de la caries dental. Las decisiones en relación a la administración suplementaria de flúor, deben ser basadas en el riesgo individual de caries y será el odontopediatra quien debe analizar el riesgo de caries del niño para decidir sobre el tipo de administración de flúor y su frecuencia.
  • Las revisiones sistemáticas efectuadas en las amplias bases de datos existentes al respecto muestran que  la fluoración del agua y los dentífricos fluorados han contribuido ambos a reducir sustancialmente la prevalencia y la incidencia de caries dental (O.M.S.)
  • Actualmente el porcentaje de flúor recomendado en las aguas de consumo público es de 0,7 mg/l frente a los 0,7-1,2 de 1962, aceptando que la fluoración del agua es la mejor medida de salud pública si hay una alta prevalencia de caries dental. La identificación de un alto riesgo de caries individual además, aconseja la utilización de suplementos orales de flúor, pero su correcta indicación exige conocer la cantidad de flúor en el agua que se consume de manera cotidiana. 
  • Se pueden aplicar varios métodos de aplicación tópica de fluoruros ( dentífricos, colutorios, etc...) sin que exista por ello riesgo de fluorosis.
  • La educación basada en el control de los factores de riesgo debe ofrecerse no solo a los padres y familiares, sino que también debe estar presente en todos los ambientes que rodean al niño. Dicha educación debe empezar lo más precoz posible y para mantener una boca sana desde la infancia hasta la edad adulta, se recomienda realizar una consulta con el odontopediatra al cumplirse el primer aniversario del bebé. Los padres llevarían a su bebé al dentista para que no tenga caries, no para curarlas ya que los consejos y asesoramiento tempranos les ayudarán a tener todas las herramientas para lograrlo.
  • La caries dental es actualmente la enfermedad crónica más frecuente en la infancia con una elevada prevalencia en preescolares españoles. Entre los factores de riesgo que intervienen en la aparición de la caries de la infancia se encuentran una insuficiente higiene oral, un consumo frecuente de carbohidratos fermentables y poca exposición al flúor.
  • El factor clave para la prevención de la caries dental es el hábito de higiene oral diario con una pasta de dientes con flúor. Cuanto más temprano se empiece con la higiene oral, menores serán las probabilidades de que el niño desarrolle caries; por tanto:
    • Es obligado comenzar la higiene de los dientes con la erupción del primer diente temporal o “de leche” – que suele darse alrededor de los 6 meses de edad – dos veces al día; en la mañana y, sobre todo, por la noche. Utilizar una gasa, un dedal de silicona o un cepillo dental de lactantes con pasta dental de 1000 ppm (partes por millón) de ión flúor.
    • Niños entre 0 y 3 años: realizar la higiene con un cepillo dental adaptado al tamaño de su boca. La cantidad de pasta dental, con 1000 partes por millón (ppm) de flúor, debe ser equivalente a un grano de arroz.
    •  A partir de los 3 años de edad, la cantidad de pasta dental con, entre 1000 y 1450 ppm de ión flúor, debe ser equivalente a un guisante. La concentración de ión flúor de la pasta de dientes vendrá determinada en función del riesgo de caries del niño y será el odontopediatra quién lo recomendará a los padres o cuidadores.
    • El cepillado dental en niños es efectivo sólo si es realizado por un adulto, hasta que el niño posea la habilidad motora adecuada (aproximadamente a los 8 años). A partir de ese momento, supervisar el cepillado nocturno hasta la adolescencia.
    • A partir de los 6 años de edad, la cantidad de pasta dental con 1450 ppm de ión flúor, debe ser equivalente a un guisante o, para uniformizar criterios, a la anchura del cabezal del cepillo de dientes. La concentración de ión flúor de la pasta de dientes podrá incrementarse hasta 5000 ppm en función del riesgo de caries del niño y será el odontopediatra quién lo prescribirá a los padres o cuidadores.
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